
La edad de la inocencia¡Tan fáciles! ¡Tan ricos! Tan-tan…
“Confróntese”, así decía mi profesor de Lengua Española, El amo del calabozo, le llamábamos. Buena gente, no sé qué habrá sido de él. Creo que hace años que se jubiló.
Cfr. María, o le han encantado o me ha mentido, o las dos cosas a la vez.
Estos pasteles son muy fáciles de preparar, únicamente necesitaremos unos moldes para magdalenas clásicas u otro tipo de recipientes pequeños, tanto de metal como de silicona. Prefiero los primeros, por mucho que digan, las masas fermentadas crecen más lentamente en contacto con la silicona que con el metal, es sólo una sencilla cuestión la temperatura.En repostería me gusta mucho la naranja y todo lo que de ella se deriva/procede. Esto es, la naranja confitada para mezclar con chocolate, la ralladura de naranja para unas magdalenas o el Grand Marnier para aromatizar un jarabe y mojar un bizcocho. Si no se tiene Grand Marnier o se considera un gasto excesivo para el uso que se le pueda dar, sustitúyase por Cointreau o ron añejo. Los tradicionales pasteles “borrachos” se hacen con ron.
Aunque lleva levadura fresca es una masa muy suelta que no se mezcla a mano, por lo que también es “apta” (y recomendable) para aquellos que huyen de las masas fermentadas. Para terminar con esta brevísima introducción, sólo decir que estos pasteles se conservan en perfecto estado varios días, mojados y tiernos.

El estreno de la película-ficción sobre Julia Child, Julie & Julia, me ha hecho recordar una serie de películas sobre gastronomía, restauración u otras que giran indirectamente en torno al mundo de la cocina. No es ninguna lista top-nada, ni un ranking de mis películas preferidas de temática gastronómica, es, simplemente, un amasijo de recuerdos sin orden ni concierto. Empiezo, podría ser entretenido.
- Ratatouille (2007). Una joya (y un avatar que me hace sentir bien).
- El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante (1989). Cocina de vanguardia ;-)
- Chocolat (2000). Antidepresivo, antidepresiva.
- Willy Wonka y la fábrica de chocolate (Un mundo de fantasía) (1971). Chocolate con leche.
- Charlie y la fábrica de chocolate (2005). Chocolate negro.
- Tomates verdes fritos (1991) .TOWANDA! (Adoro esa palabra)
- Como agua para chocolate (1992). El amor a través de la comida.
- Comer, beber, amar (1994). De menor a mayor.
- Frankie y Johnny (1991). Comida rápida.
- ¿Qué se está cociendo? (2000). “Quiero ser como Mercedes Ruehl”
- American Cuisine (1998). Érase una vez un inglés, un francés y un gallego…
- El festín de Babette (1997). J. L. Garci no sabía que era tan buena.
- Deliciosa Martha (2001). Delicioso amarte. La buena cocina alemana.
- El hijo de la novia (2001). Un tiramisú sin mascarpone no es tiramisú.
- Retrato de April (2003). La familia bien, gracias. Patricia Clarkson, mejor, quiero ser como ella cuando sea sólo un poco (más) mayor.
- Mystic Pizza (1988). Sólo la curiosidad de ver a la Roberts cuando todavía tenía cara de pizza.
- La cena de los idiotas (1998). Cambiando los papeles. Olympique!!!
- Celebración (1998). Confesiones en la mesa.
- Entre copas (2004). Si admitimos “vino” como animal de compañía…
- El pollo, el pez y el cangrejo real (2008). Entrenándose para las Olimpiadas.
- Delicatessen (1991). El título no es lo que parece. 13, Rue del Percebe.
- Super Size Me (2004). Triqui deja las galletas y se pasa a la comida basura.
- Julie & Julia (2009). A ver…

Este sábado hemos ido a casa de mis padres. (…) Han hecho una de esas obras en las que se suele contratar a Pepe Gotera y Otilio, aunque creo que éstos eran bastante más mañosos y han dejado la obra decente. Para ello se han visto obligados a desmontar la estantería que estaba en las escaleras que llevan al garaje. La estantería, situada sobre la puerta de bajada, estaba polvorienta y enmohecida por la falta de uso, pues hacía muchísimo tiempo que nadie se había acercado a ninguno de los objetos, básicamente libros, que allí se guardaban. Allí estaban, entre muchos otros recuerdos, mis libros y libretas de la EGB. Emocionante, no necesitaba ninguna grabación de Super8 del estilo de las que tiene María, para mí, abrir uno de esos libros era ver mi infancia en alta definición, con sonido digital y envolvente. Envolviendo las emociones de la más sincera y pura de las sensaciones: la infancia.
No tuve mucho tiempo para hojearlo, sólo el justo para abrir uno de 5º de EGB (ni he llegado a fijarme en la asignatura, creo que matemáticas, mis preferidas), ver en la primera página mi nombre y apellidos escritos con BIC cristal y, justo a media página, un corazón escrito con la misma tinta que decía e: “Pepe y María” (¿María y Pepe?). Debajo, escrito con pintura verde: “se quieren” (¿se aman?). No podría certificar que yo hubiese escrito esta segunda frase pero me da igual. No es la María con la que ahora comparto mi vida, esa es otra historia, fue uno de esos ¿amores? platónicos de la infancia. Sólo compartimos un año, se sentaba justo detrás de mí. La recuerdo dulce, educada y frágil, pero decidida; yo rebelde, muy tímido e inquieto. Era dispuesta, si lo pienso, hasta poseía el mismo tipo de disposición que tiene (mi) María, de esas personas que nunca se paran ante nada y nunca se callan. Se fue y nunca volvió, pero todavía recuerdo sus apellidos como si los hubiese leído ahora mismo. Lo más curioso es que nunca llegué a darle la más mínima muestra del cariño que por ella profesaba. Dudo que se hubiese interesado lo más mínimo por alguien como yo. Era el simple hecho de “estar”, eso era “querer”, sentirse bien y formar una amistad.
Tiene gracia que alguien tan olvidadizo como yo, que no recuerdo casi ningún nombre de los que me acompañaban en el trabajo hace pocos años, tenga memoria para pensamientos tan lejanos en el tiempo. Como si durante esos pocos años de mi vida los hechos y circunstancias que me acontecieron fuesen los únicos realmente importantes hasta la fecha y en lo que resta de mi vida. Ahora ya poco importa, todo se hace inconscientemente y de modo rutinario, antes cada momento estaba lleno de vida.
Entonces los niños y niñas escribían mensajes de amor y dibujaban corazones en vallas y tapias o en el tronco de un árbol. Me viene a la memoria un árbol al que llamábamos "el árbol de las letras". En él multitud de chicos y (menos) chicas habían dejado sus mensajes de amor, mensajes que parecían no borrarse con el paso del tiempo. Cuando volvías, allí seguían escritas a fuego en la corteza maltrecha por los navajazos. El roble era eterno. Leer los mensajes era como hacerlo en un diario secreto, porque muchos se ocultaban en las ramas de más difícil acceso.No estoy seguro del todo, pero creo recordar que el roble fue llevado por delante durante las obras de una nueva carretera, esas que nunca se saben a dónde llegan y de dónde vienen.
Los niños de hoy en día ya no dejan mensajes ni dibujan corazones en paredes, les parecerá absurdo y pueril. Como mucho, estos niños se envían algún SMS diciendo: “t kiero” o se escriben en el Messenger: “me gusta cómo chateas, nos vemos en tuenti”.
Bizcochitos para emborrachar- 150 gr. de harina de fuerza (de pan, o casi).
- 7 gr. de levadura fresca de panadería.
- ½ cucharilla de té de sal, o algo menos (~3 gr).
- 50 gr. de mantequilla.
- 8 gr. de miel (endulza y favorece conservación)
- 10 gr. de azúcar (el gran dulzor se lo dará el jarabe)
- Ralladura de naranja.
- 3 huevos grandes (exactamente, 180 gr.)
Sobrará, con la proporción de 400 ml. puede ser más que suficiente.
- 500 gr. de agua.
- 250 gr. de azúcar.
- 1 vaina de vainilla cortada longitudinalmente (opcional).
- Ralladura de una naranja grande.
- Un poco de ralladura de limón.
- Un chorrito generoso de Grand Marnier, Cointreau o ron, un clásico entre los borrachos.
Añadimos los huevos uno a uno, amasando (casi batiendo) hasta que quede (bien) homogénea y no tenga grumos. Es una masa a medio camino entre la masa de un brioche y unas madalenas, sin ser tan suelta. Dejamos reposar mientras preparamos los moldes.
(2) Engrasamos y enharinamos moldes pequeños para muffins, retirando el exceso de harina. Si tenemos moldes más pequeños (especiales para este tipo de pasteles) todavía mejor. Yo uso los moldes de silicona o una bandeja de magdalenas (clásicas). Rellenamos los moldes hasta la mitad (aprox.) y los dejamos fermentar hasta que doblen su volumen, esto es, llegar al borde (casi). Yo lo fermento en el horno a 30º C durante algo más de media hora.(3) Pasado el tiempo precalentamos el horno a 200º C. Una vez caliente introducimos los pasteles y los horneamos hasta que tengan un color tostado. El tiempo depende mucho del tamaño exacto de los moldes.
Dejamos templar mientras preparamos el jarabe.
Para preparar el jarabe mezclamos todos los ingredientes en un cazo y ponemos al “fuego” hasta que hierva. Como licor podemos usar el que más nos guste, el ron le queda muy bien. Cuando haya hervido lo retiramos del calor y dejamos que infusione.
Tomamos los pasteles y con ayuda de una espátula (para no pringarnos las manos) los empapamos generosamente en el jarabe. He dicho empapar, sumergir, hundir, bañar, bucear,… para que el jarabe llegue al corazón del pastel. Lo giramos y lo ponemos a escurrir en una rejilla. Así hasta acabar los pasteles.
Están riquísimos. Además, si queremos controlar la dieta, podemos tomarnos sólo un par cada día, pues se conservan en perfecto estado.











































